Convivia Literaria - Authors Community for Literature and Art Projects - ISSN 1862-2429

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Poemas de Rodrigo Verdugo

QUINCEAVO ANUNCIO

(Del libro Inédito "Anuncio" ) A Ofelia Libano
"La sombra se ahoga al fondo del pecho"
Federico Schopf

Un procedimiento marchito sube por las paredes
un poco de sol, un poco de musgo en el patio
algun día seremos dueños de la caída
Yo quiero subir también, mas esa combustión vertebrada
me hace enterrar vivos a los animales
hace que la casa se mueva sola hacia el agujero ceremonial
y ahí estamos recordando aquella noche de gala
cuando prendieron una luz azul en todo el cuarto
casi parecía un escenario, las abundantes cortinas de terciopelo, las espesas alfombras
y ahí estaba el tiburón gótico metiendo y sacando la cabeza de la licuadora
a la primera saltaron los ojos, fueron tasados de inmediato
no hay distinción entre ellos y las joyas que te recuerdan a tus espectros directos
a la segunda saltaron los pedazos del hocico, fueron tasados de inmediato
no hay distinción entre ellos y esas joyas que esperaban que estuvieras sola
para darte un zarpazo y desprenderte una luz azul, con que impulso la desprendían,
como si desprendieran el tormento de las estatuas o una zona cualquiera.
Ya llegará la casa, antes que termine la función
cuando quedes solamente tú en ella y hables de tu novio
y él a lo lejos presienta que un agujero ceremonial enriquece la noche.
Ojos, joyas y restos de un hocico se revuelcan bajo una luz azul
salen impulsados hacia las paredes, también quieren subir
y así totalmente tasados no hay distinción entre ellos
y esta tierra que se encamina sola hacia una culpa redonda.
La vida ha montado las llaves, ya llegará y estarás junto a él en una zona cualquiera.
La luz azul se revuelca en el mar, cuántos zarpazos para saber
que para que el mar se moviera solo, un dios tuvo que estar atado
cuántos zarpazos para saber que ni ella ha podido llevarse el tormento de las estatuas
ni ella ha podido avanzar más que la casa, y a proposito de la casa
¿la recuerdas? cambia de número a medida que avanza,
ya no pueden dejar ni cuentas ni cartas, para qué hablar de las visitas.
Hay espectros rodeando el agujero ceremonial
tu vestido de gala se estrella contra las cortinas
cuando lo amabas él se metía dentro tuyo
le saltaban los ojos y la boca en pedazos
y volvía a meter la cabeza y eran dos espectros
depositándose diamantes en el fondo, vertebrando la combustión
él atornillándole otros espectros al sexo de ella
ella haciéndole la señal de la bruma sobre el cuerpo
ella llena de zarpazos en los muslos y en los pechos
todavía con las aspas insatifechas
él con la nostalgia de un sacrificio único.
Las paredes cada vez más altas
ellos intentando llevarles unos ojos, un aullido,
una luz azul al dios atado y en eso se les va la vida
como en el anclaje incognoscible que hay en los rincones de la casa.
Día y noche todos somos controlados por trizaduras;
aunque los muertos fecunden nuestra embriaguez.
día y noche; todos somos controlados por trizaduras.
Él esperando que el canto de los pájaros sangre por ella, para volver a verla intacta
corriendo otra vez por la alcoba, escribiendo a escondidas un diario de vida bajo el limonero
ella esperando que la sangre de él la arrastre hasta dejarla sola frente al enigma.
Unos caracoles, unas hojas desteñidas en el patio
algún día seremos dueños de la caída.

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