Convivia Literaria - Authors Community for Literature and Art Projects - ISSN 1862-2429

From

Jump to: navigation, search

QUERIDO imposible elevado al vacío:

Ya es tarde para decir que tus ojos inquietos y huidizos me enamoran como pudo enamorarme hace cuarenta años la elegancia de un pitillo sostenido entre un índice atrevido y un corazón adolescente. Tus ojos me enamoran por la imperceptible vibración de sus pupilas, por tu ligero estravismo, por la infantil sinceridad de tu gastado iris. Pero estoy sola y no es posible que me haga compaña tu recuerdo inexistente o tu improbable regreso. Nunca nos conocimos. Creo reconocerte en gestos y palabras, afirmaciones rotundas, aforismos breves como un anillo de humo, el sonido de unos pasos, la huella de una desconocida fragancia. Eres el gran desconocido de mis días, la persona con la que más en común tengo si soy consciente de lo que pudimos ser nosotros. Ya es tarde para decir que estoy enamorada. Pero he decidido escribirte para expulsar el peso de este pensamiento paradójico, para liberarme del vacío impalpable y convertirlo en antídoto de una pasión tan impuntual como abrasadora. Ardo de pensar que deseo tus proporciones escurridizas, el desconocido tacto de tu pelo, el puente de tu nariz. Ardo de pensar que anhelo el olor a cera de nuestro posible hogar. Pasión impuntual, he dicho. Llegué tarde a nuestra última cita, sin duda por un acto reflejo, como eco inconsciente de lo que ahora te escribo.
Pasión impuntual como los veinte (o fue ya media hora) minutos que esperaste a que llegara -dijiste- como un fantasma de luz en un sordo mar de sombras.

Cual viniera a salvarte. Tu paciencia te hace digno de toda mi ternura. Pero mi corazón es un yunque y no he podido  acercarme -no me lo permite- más allá de la mirada. Mis ojos te han besado y abrazado hasta el apasionado desequilibrio del llanto, incomprensiblemente te he amado. Yo, esclava del mundo y sus tácitos acuerdos. No quiero enfrentarme a mi libertad, no quiero volar ahora, no quiero buscar la felicidad si el sufrimiento de un disparatado empeño va a acabar con mis fuerzas. He canalizado el curso de mi sangre y he aprendido a evitar la posibilidad de un imprevisto en mi vida. Mi corazón late a un ritmo acostumbrado que le ha ido imprimiendo la experiencia y el dolor. Primero tue siempre el dolor. Esto es el mayor logro de mi existencia, lo único que puede darme paz libre de euforia: el secreto de mi supervivencia: un bien más preciado que el amor.

Me ha costado canalizar en mi yunque helado todo lo que has despertado en mí, pero lo he hecho. Es tarde. Según escribo esto bombeo tus recuerdos, tus miradas,
tus palabras y tus gestos con la misma frecuencia que pido un pollo despiezado en la carnicería.

PASCUALINA MORCILLO LEÓN 



Publicado en Convivia Literaria No. 1, Invierno 2006, págs. 19-20

Personal tools