Convivia Literaria - Authors Community for Literature and Art Projects - ISSN 1862-2429

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Bucólica primera

Si a la sombra de un haya o de una encina
abierta a la frescura recostado
probaba Títiro tras largos años
de amargo cese impuesto y malhadado
la musa forestal con su bocina
hacer del valle huir y a sus rebaños
con rítmicos apaños
insufribles sin duda,
hecho que nadie duda,
ponerlos a pacer a dos mil metros
o tres, que aquí discuten los expertos,
de la famosa encina o haya arriba
ya mentada no hay resto
de indicio de a qué especie ésta se adscriba.


Convivia Literaria, agosto 2004, Núm. 1


Bucólica segunda

Tuyo es tu tiempo, tentador con suerte
de oxigenada musa so la grata
ambigüedad genérica de un haya.
Yo doscientas por doce tengo en plata
las horas de mi ingenio hasta mi muerte
tasadas ya por miedo a que no haya
para los niños playa,
la piedra más preciosa
para mi amada esposa
y generoso un fondo en lontananza
que de tensiones llena mi esperanza.
Tú, lento entonas, Títiro, sin hora
el pálpito del bosque y la labranza
de tu felicidad, tristeza otrora.


Convivia Literaria, sept. 2004, Núm. 2


Pon tu dedo en mi llaga [fragmento]

DEJAR de noche el límite aburrido
en un tren de emergencia
-¿coche cama?-
donde ¿será el silencio múltipe?
¿habrá un ronquido unánime?
donde dormir sería un sueño
con final en Florencia
o una pesadilla
de insomnio hasta Teróntola,
hasta ordenar el caos
de un hueco microscópico,
vorágine absurda de la que regreso.


HUIR de noche al límite aburrido
no es exactamente lo que hago.
Yo soy el fugitivo de mis rostros,
de todos mis reflejos fatigados.
Huyo de mí, yo, todo consecuencias,
porque busco la causa de todas mis fatigas,
y dejo la frontera y me entretiene
pensar que estoy huyendo
(no es verdad que me aburra)
mientras persigo algo.

Fragmento de: "Pon tu dedo en mi llaga", el níspero azul, abril 2006, No. 1


Nieve

PARA que el resplandor de esta manaña fuera azul
la calle ausente y alfombrado el trecho
que lleva a la parada de trocitos de cielo,
trabajé duramente un año entero
llenando formularios
del deseo precipitado de visitar Siberia.
Ninguna de las veces, sin embargo,
ninguna de ellas comenzó a caer
el edredón de nieve hasta cubrir de cielo
el paso matinal de nuestro abrazo.
Y ahora, de repente, como quien no quiere
la cosa sale blanca, la parada
quedó inhabilitada por el cielo
y hacemos a la tarde de la nieve
más blanda el muñeco
más duro del invierno.

Convivia Literaria. Antología 2004-2005, Karlsruhe 2006, pág. 10


Anna Zassimova, pianista

El cisne crece en su propia ola
orgánica, floral, de virtuosismo
modernista y triste, que lo mismo
libera una caricia que controla
la llama con que arde la corola
de una oda sencilla adicta al sismo
y al forzoso pilar, pues de idealismo
- ya que toca el piano y no la viola -
tiene el grácil cuello ambas manos
sumamente vacías, y es por eso
que oprime en el marfíl ojos ancianos
- tal vez los de Catoire - hasta que el peso
de su gracilidad reduce el mito
al barro que permite su regreso.

Convivia Literaria, diciembre 2007, No. 2, pág. 33


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